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O gato Bruce

Sabiduría felina con ojos verdes

Hablemos de comida: soy un tragón

Dicen que los gatos abandonados, especialmente los que han pasado hambre de pequeños, tendrán una obsesión con la comida durante toda su vida. No sé si esto se habrá comprobado científicamente, pero el caso es que yo siempre tengo hambre. Seguir leyendo “Hablemos de comida: soy un tragón”

Mis veterinarios son muy majos

Hoy os voy a hablar de mis médicos, o sea, mis veterinarios. Ya sé que no os gusta ir al veterinario, ¿a quién le puede gustar que le pinchen, le tomen la temperatura —todos sabemos cómo se le hace eso a un gato— y lo miren por todas partes? A nadie. Si os gusta ir al veterinario a que os hagan eso, sois bastante raritos, perdonad que os lo diga. Seguir leyendo “Mis veterinarios son muy majos”

¿Eres alérgico a los gatos? Esto te interesa

Os cuento una historia: un gatito negro de menos de un mes abandonado un día de verano delante de una casa de campo desconocida. Una chica sale a ver qué es esa cosita negra en el muro y… ¡zas! pese a que ninguno de los dos creemos en el amor a primera vista, la adopto, me adopta y así hasta hoy, cuatro años más tarde.

Lo que no sabía yo cuando la adopté hace cuatro años es que a ella le habían diagnosticado alergia a los gatos varios años antes. Claro, mientras estuve al aire libre no hubo ningún problema, pero al llegar a Madrid… ¡uf! mi pobre humana no dejaba de estornudar y llorar. Un horror. Yo me temía lo peor… Seguir leyendo “¿Eres alérgico a los gatos? Esto te interesa”

Mis primeros miaus

Hola, me llamo Bruce y soy coruñés, aunque vivo en Madrid desde finales de 2012.

¿Por qué me mudé del paraíso a la locura madrileña? Pues por raro que parezca, por seguridad. La vida en el campo puede ser muy insegura para un gatito negro y yo aparecí en el campo. Más concretamente, aparecí un 23 de julio delante de la casa de los padres de mi humana. Era muy peque, tenía sólo unas tres semanas, y no recuerdo bien cómo llegué allí. Lo que sí recuerdo es verla aparecer al caer la tarde e ir corriendo hacia ella. Es uno de esos momentos que no se nos olvidará ni a ella ni a mí. Desde entonces no nos hemos separado.  Seguir leyendo “Mis primeros miaus”

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