Os cuento una historia: un gatito negro de menos de un mes abandonado un día de verano delante de una casa de campo desconocida. Una chica sale a ver qué es esa cosita negra en el muro y… ¡zas! pese a que ninguno de los dos creemos en el amor a primera vista, la adopto, me adopta y así hasta hoy, cuatro años más tarde.

Lo que no sabía yo cuando la adopté hace cuatro años es que a ella le habían diagnosticado alergia a los gatos varios años antes. Claro, mientras estuve al aire libre no hubo ningún problema, pero al llegar a Madrid… ¡uf! mi pobre humana no dejaba de estornudar y llorar. Un horror. Yo me temía lo peor…

Afortunadamente, habló con una compañera de trabajo que tiene varios gatos y conocía muy bien el problema, siguió sus recomendaciones, se informó bien sobre tipos de alergias y ¡lo conseguimos! Pronto dejó de llenar la casa de pañuelos y empezó a achucharme como me merezco a todas horas. 😉

Las primeras semanas fueron muy duras porque no me dejaba dormir en su habitación y, como yo era muy pequeño, me quedaba llorando toda la noche junto a la puerta cerrada. Ambos estábamos muy tristes, pero afortunadamente encontramos la forma de que nuestra convivencia fuese mejor y desde hace ya varios años duermo siempre a los pies de la cama sin ningún problema. 😀

¿Queréis saber qué hemos hecho para mejorar la situación? Aquí tenéis la lista. 

Cosas que ha hecho mi humana para que su alergia a los gatos desaparezca (o, más bien, se mitigue conmigo), tomad nota:


1. Cambiarme el pienso. Antes tomaba un pienso de supermercado normal y corriente (probé varias marcas de Mercadona y el de Lidl, entre otros) y pronto nos cambiamos a Royal Canin. La diferencia fue abismal, no sólo en mitigar la alergia que les provoco a los humanos sino en el olor y la cantidad de de las heces. Yo estoy encantado porque está mucho más rica y ellos por todo lo demás. Además, he leído en la etiqueta que es comida de alta calidad y, como me alimento casi exclusivamente de pienso, prefiero que sea buena.

2. Bañarme una vez a la semana. He de confesar que esto no me entusiasma, pero como mi humana pronto estuvo mucho mejor, no me quejo demasiado. Al principio una vez a la semana y ahora cada dos o tres semanas me aplica un producto que se llama Vetriderm y desde que me lo echó por primera vez ya dejó de estornudar. Además, una vez a la semana me baña con una loción sin aclarado que huele muy bien (bueno, eso dice ella). En verano, o cuando me lleva de paseo al campo me baña – con agua, en la bañera, uf…- con un champú para gatitos. Admito que esto es lo peor de las alergias, lo de bañarse. ¡Con lo limpios que somos los gatos!

3. Cepillarme a diario. Aunque tengo el pelo corto, me cepillan todos los días, así no dejo pelos por la casa. Esto no me molesta tanto como el baño, pero no me gusta demasiado.

4. No dormir en la habitación de los humanos durante los primeros meses. Al principio ni siquiera me dejaba entrar en su habitación, pero conforme fue pasando el tiempo (e hicimos los pasos 1., 2., y 3. ) a las cuatro semanas ya empecé a entrar en la habitación y pronto empecé a dormir a los pies de la cama.

5. Comprar un purificador de aire con filtro HEPA antialergias. Mi humana también es alérgica a ácaros y la contaminación madrileña también le preocupaba bastante, así que el purificador le ha venido muy bien. El aparato es bonito y no muy grande, como una pequeña torre-ventiladora que encaja en cualquier parte. Lo pone a funcionar entre 4-8 horas al día (la mitad en el dormitorio) y se nota un montón que el aire está más limpio. Ya no se me seca la nariz como antes, tengo menos legañas, ni siquiera veo motas de polvo que perseguir (en eso es un poco rollo para mi diversión..). Bueno, claro, y ella está muchísimo mejor.

Bueno, si se me ocurre alguna cosa más ya os la diré pero estas son las principales claves que han hecho que la convivencia con mis humanos no peligre. Espero que os sirvan. 🙂

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